Productores de miel de Irupana PDF Imprimir

Julio Cáceres cuida que sus pequeños hijos no se acerquen al sector de su propiedad donde moran cientos de abejas encerradas en un “panal” particular: una caja de madera en la que se encuentra su reina y en la que producen incesantemente miel tras extraer el polen de las flores cercanas.

 

El habitante de la comunidad de Irupana, al norte de La Paz, asegura que ellas se acostumbran con el tiempo a ver gente cerca de su hogar, aunque siempre existe el peligro de un ataque en masa. por Mirna Echave Mallea / la prensa / La Paz

Desde hace unos buenos años, Julio cría estos insectos. Para extraer la producción de la colmena se viste con ropa especial gruesa, guantes y una máscara para evitar que los aguijones de las obreras recolectoras de polen le hagan daño. No es el único. Entre cafetales y sembradíos de amaranto y frutas, más de un centenar de campesinos irupaneños de 20 poblados del municipio paceño espera y vigila paciente el dulce trabajo de miles de abejas, el que luego es vendido a una entidad comunal que ya tiene 24 años de vida: Corporación Agropecuaria Campesina Regional Irupana (Coraca).

Esta organización acopia la miel, la procesa, la envasa y la comercializa bajo la marca Bolimiel. No tiene fines de lucro e impulsa la mejora de los productos, de sus ventas y reparte los beneficios entre los mismos productores. Este emprendimiento tuvo sus dificultades económicas al inicio, dice el responsable de Asistencia Técnica de Coraca, Porfirio Kapa, pero pudo sostenerse y ahora es uno de los más provechosos de la región yungueña. Un ejemplo de desarrollo productivo y económico.

Una “lucha a muerte”

Cada vez que los irupaneños extraen la miel de las cajas donde habitan estos insectos, se desencadena una lucha a muerte: las obreras alistan sus aguijones en pos de defender a su reina y su hogar. Protegidos por trajes especiales, los apicultores extraen de las celdas el dulce producto creado por ellas. Solamente pueden realizar esta labor dos veces al año: a mediados de octubre y finales de noviembre, y obtienen de cada “panal” alrededor de 20 kilos de miel listos para el procesamiento, así como otro saldo de la batalla: dolorosas picaduras y la muerte de algunas de las abejas defensoras.

Según el técnico en apicultura de Coraca, Samuel Leiva, las cajas para instalar las colmenas deben ser colocadas en lugares tranquilos y alejados de la gente o el paso de los vehículos, si no, estos insectos que se asientan en la zona —cruce de africanas y europeas (almelíferas)— corren el riesgo de emigrar y no reproducirse en su nueva casa. Otro factor para evitar ello es que haya flores suficientes en los alrededores para que obtengan el polen. “Hay investigaciones que indican que incluso los celulares los pueden afectar, sus ondas hacen que se desorienten y terminen hasta muertos”.

Los apicultores de Coraca toman estos recaudos. En la empresa están asociados alrededor de 160 irupaneños que poseen, por separado, entre diez y quince “panales” para cosechar la miel. Luego venden el producto a su propia organización, en 21 bolivianos el kilo. Entonces, si obtienen hasta 20 kilos de cada colmena, pueden llegar a ganar hasta 420 bolivianos por cada una. Del procesamiento se desprende un plus que permite a la entidad pagar pequeñas primas de ganancia a los socios que la conforman, es decir, a los mismos campesinos.

La fórmula del proceso

“El secreto es pelear”. De esta forma Elvira Quisbert sintetiza la forma en que su asociación no sólo alcanzó un alto nivel de calidad en sus productos, sino su continuidad y crecimiento. “Yo vengo a Coraca Irupana a trabajar, represento a la población de Río Lavanda, en la comunidad Uyuca. Igual tenemos Coraca comunales con las que participamos para apoyar nuestra Coraca (principal), que está funcionando como agroindustria y con asistencia técnica”.

El procesamiento de la miel es minucioso. Empieza con el armado de las cajas de madera que se colocan para que aniden las abejas. Los “hogares” poseen un tamaño estándar de unos 50 por 60 centímetros que permite que las celdas que fabrican estos insectos, al ser extraídas, quepan exactamente dentro de las denominadas centrifugadoras. Leiva explica que el centrifugar las celdas posibilita que éstas no se destruyan y que el polen se mezcle con la miel y le brinde un sabor diferente.

En la parte inferior de cada caja convertida en colmena existen aberturas que permiten a las pequeñas obreras entrar y salir libremente; además están cubiertas por una calamina que impide que el agua dañe la producción y las celdas. Esta protección hace igualmente que los insectos se sientan más seguros y no emprendan partida. Para observarlas y revisar posibles daños, de vez en cuando los apicultores se acercan a supervisar el “panal” provistos del equipo de protección.

En un ambiente especial y en decenas de contenedores se almacena la miel que con el tiempo será procesada. Este trabajo empieza con la pasteurización, es decir, la purificación del producto a través del calentamiento en baños María. Posteriormente, éste pasa a las decantadoras, que poseen la capacidad de contener 250 kilos; en ellas se lo deja durante 20 días para que todos los residuos, como trozos desprendidos de celdas, se queden en la parte inferior para luego ser extraídos.

Finalmente, desde estos mismos recipientes se vacía y pesa la miel en envases de 250 gramos, los cuales llevan pegada la marca Bolimiel. Con este procedimiento, Corporación Agropecuaria Campesina Regional Irupana ha alcanzado requerimientos de pureza y calidad por los que fue elegida para proveer al Gobierno de 1.500 frascos mensuales que son destinados al sostén del subsidio de lactancia materna.

Organización campesina

Coraca Irupana no para de abrir nichos de venta para sus socios. Aunque empezó con el cultivo de coca, luego se especializó en café, producto que alcanzó renombre internacional y ahora llega a países del orbe bajo el denominativo de Café Presidencial, hasta 19.600 kilos al mes. A la par, en sus instalaciones es procesado el amaranto en varias presentaciones. E igual se planifica llegar al mercado mundial con envases de jugo de cítricos.

Quisbert explica que ahora, además de tener mejores ingresos por la venta y ganancias de los alimentos naturales procesados, el trabajo comunitario produce “un beneficio para nuestra salud porque aquí hacemos pan (de amaranto), pop de amaranto, turrón de amaranto con miel y también hacemos café de exportación que nosotros también consumimos”. Reitera que estos logros se obtuvieron gracias a una lucha constante, exigencia y mucho trabajo.

El responsable de Asistencia Técnica de Coraca, Porfirio Justo Capa, cuenta que la cooperativa nació con el fin de que los campesinos tengan su propia empresa y logren apropiarse del porcentaje de ganancias que se llevaban los comerciantes intermediarios. “Ahora conformamos (la asociación) 612 productores de café, estamos con amaranto 80 productores y en miel tenemos 120 productores. Cada año estamos creciendo, estamos aumentando”.

Además de planificar la compra de una máquina envasadora de cítricos, los campesinos piensan en la mejora de sus productos a través de cursos sobre uso de plaguicidas orgánicos, el cuidado de sus cultivos e incluso la renovación de toda la plantación de café, por el desgaste de las plantas y de la tierra. Así visto, no sólo la miel les está proveyendo de dulces ingresos, ahora apuntan a fortalecer su asentamiento en los consumidores de Estados Unidos y Francia. Y potencial y ganas es lo que menos les falta.

 
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