Nuevo Baby Boom en Francia. PDF Imprimir

En los últimos años, Francia se ha convertido en un verdadero modelo para el resto de los países europeos. Más que cualquiera de sus vecinos, los galos se están dedicando a tener hijos, acercándose cada vez más a la tasa de fecundidad necesaria para asegurar el recambio generacional. Detrás de este fenómeno se escondería la asimilación de una cultura de la familia que el Estado lleva un siglo promoviendo. Por Daniela Mohor W. Ilustración: Francisco Javier Olea. El Mercurio Chile

 

 

Basta con pasearse por los Jardins du Luxembourg o caminar, después de almuerzo, por las calles de París para comprobar que lo que dicen los expertos es cierto: en Francia hay cada vez más niños.

A las cuatro de la tarde, hora de salida de los colegios, padres y madres que esperan a sus hijos abultan las veredas parisinas. También hay niñeras que reciben las mochilas de los pequeños y les entregan un pain au chocolat de merienda. Y jóvenes mujeres que empujan coches que les permiten llevar dos niños a la vez: el menor sentado, el mayor parado sobre una plataforma con ruedas que se inserta en la parte trasera. Todos conversan con relajo y nadie parece estar corriendo ni apurado por volver a la oficina o cumplir con otras obligaciones que las parentales.

Baby Boom o bebemanía: no han faltado expresiones para calificar una tendencia que tiene a todo el mundo con los ojos puestos sobre Francia. Mientras en el resto de Europa y en muchos otros países del mundo industrializado existe preocupación por la baja de la natalidad, los galos están viviendo un proceso inverso. Hoy, en Francia, las mujeres tienen un promedio de dos hijos (en Chile la cifra no supera el 1.9 hijos por mujer), convirtiéndose en la nación más fértil de Europa junto a Irlanda.

El fenómeno no es completamente nuevo. Esta alza se empezó a registrar a principios de la década. Ya en 2001, aparecieron reportes que indicaban que en sólo un año la tasa de natalidad había aumentado en un cinco por ciento. Desde entonces, la tendencia se ha ido consolidando. Francia hoy tiene cifras superiores a las que ha registrado en los últimos 25 años, convirtiéndose en un verdadero modelo en los tiempos en que el envejecimiento de la población representa una real amenaza. Sólo en 2006, miembros del gobierno de Japón, Tailandia y Alemania viajaron a Francia para investigar las razones de su fertilidad.

Nuevo Baby Boom en Francia.

En Francia también han estudiado el proceso. France Prioux, encargada del área Fertilidad, Familia y Sexualidad del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED), comenta lo que ha observado: "La natalidad había bajado mucho a principios de los '90 y efectivamente está repuntando. .

Yo no hablaría de un verdadero Baby Boom, pero no se puede negar que la natalidad en Francia es elevada comparada con sus vecinos europeos. Tiene que ver con que durante varios años las mujeres postergaron la maternidad hasta que llegaron a la edad en que quisieron tener hijos y eso llevó a un aumento. Además hace mucho tiempo que existe en Francia una política de la familia que ha ido evolucionando hacia una política de conciliación trabajo–familia", explica

"Yo tengo la impresión de que la gente tiene más ganas de tener hijos. Tengo una sobrina que fue mamá a los 20 y mi hija de 23 ya tiene ganas de serlo. Parece menos imposible que en otra época. Antes las mujeres buscaban liberarse y trabajar. Ahora equilibran las dos cosas", dice Valérie Borst, profesora de ruso y madre de cinco niños, entre 23 y 7 años.

En Francia, mujeres como Valérie son una excepción. "Cuando dices que tienes cinco hijos, te miran con cara de que o eres loca, muy rica o muy católica. Y ése no es mi caso", comenta ella. Pero lo cierto es que Francia es considerado un país privilegiado para los padres de familia.

Detrás de las cifras, dicen los expertos, se escondería el fruto de un siglo de políticas natalistas que se han mantenido a pesar de los cambios de gobierno. "Francia fue el primer país que se enfrentó a la falta de natalidad a principios del siglo 20. Nos convertimos entonces en el país más viejo de Europa y se temió que si seguíamos así íbamos a desaparecer. Se establecieron entonces políticas familiares y desde esa fecha siempre ha existido el miedo a la falta de fecundidad. Hay una especie de trauma", asegura France Prioux.

Eso habría llevado a un cambio cultural importante. "Las políticas natalistas no tienen efectos a corto plazo, pero a largo plazo cambian la actitud frente a la infancia, la educación y el rol de la madre. Esas políticas empezaron en Francia en torno a 1900, por lo tanto ya entraron en la mentalidad de la gente", agrega Hervé Le Bras, director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS).

El Estado omnipresente

Jean y Tourya Lassègue (en Francia las mujeres toman el apellido del marido al casarse) tienen tres hijas, de 19, 13 y 9 años. Él es investigador en el Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) y ella, médico en un hospital público. Ambos dicen tener completamente integrado el hecho de que tener hijos, por lo menos en su grupo socioeconómico, es más fácil que en otros países. A medida que fueron naciendo sus hijas, se beneficiaron de las distintas ventajas que ofrece el Estado galo, como posnatales extendidos, reducciones de impuestos, subvenciones y toda una red de salas cuna, jardines infantiles y colegios públicos a los que la gran mayoría de la gente recurre.

"Estoy convencido de que los franceses tienen más hijos por dos razones. Primero, el Estado tiene una política natalista beneficiosa: uno sabe que tendrá tiempo sin trabajar después del nacimiento de un hijo, ya que ahora incluso los hombres tienen derecho a un posnatal de 15 días; existen salas cuna y eso permite que las mamás puedan dejar sus guaguas muy pronto y que no tengan que elegir entre su carrera y la maternidad. Además los niños tienen acceso al colegio gratuito a partir de los 3 años y no los 5 como en Inglaterra, por ejemplo. Lo otro es que aquí es parte de las costumbres que te ayude la familia y más particularmente los abuelos", dice Jean.

Destaca además que la ley francesa protege a la familia en su concepto más amplio. Mouna, la mayor de las tres niñas, no es hija biológica de Jean, pero eso no impidió que él pudiera inscribirla como carga suya apenas se emparejó con Tourya. Eso permitió que la niña pudiera tener acceso a los servicios de salud y al reembolso de los gastos en remedios que les entrega el Estado francés a sus ciudadanos. Una vez que se casaron, Mouna pasó a tener exactamente el mismo estatus que el que tendrían sus hermanas. "Cuando te casas, el Estado no se fija en la paternidad sino que en lo que llama el hogar familiar. En ese sentido, en mi "hogar familiar" tengo tres hijas. Eso es importante porque significa que los niños siempre pertenecen a un hogar independientemente de los lazos sanguíneos", dice Jean.

Un estudio realizado recientemente por el INED revela que en Francia los gastos del Estado destinados a las políticas de familia representan el 3,8% del PIB, lo que convierte a los galos en el tercer país que más invierte en ese tema dentro de la OCDE. Muchas de esas políticas se centran en la pequeña infancia; otras se extienden hasta que los hijos dejen de ser carga fiscal de los padres, aunque sea después de sus estudios universitarios.

Valérie es casada con un siquiatra. Llevan una vida acomodada. Aun así, reciben cada mes una subvención de 380 euros como ayuda para la educación de sus tres hijos menores. Además, por cada niño se le reducen impuestos. "Éstos se calculan con un sistema de cuotas y la reducción se mantiene hasta que los hijos dejen totalmente de ser carga de sus padres", explica.

A partir de tres hijos, las familias pueden solicitar además la "Carte Famille Nombreuse" (tarjeta familia numerosa) que les permite tener hasta un 50% de rebaja en los pasajes de bus, metro y tren. En la capital, también tienen derecho a la "Carte Paris Famille", que les da acceso gratis a las piscinas municipales y al reembolso (con un tope) de ciertas actividades extracurriculares para los niños.

{nosgoogle}Otro beneficio importante para la familia, dice Valérie, ha sido la implementación de las 35 horas de trabajo semanales que adoptó Francia en 2000. "A mí no me afecta porque trabajo independientemente, pero para la gente asalariada se le hace más fácil poder organizarse entre los dos para poder ir a buscar los hijos al colegio y cosas así".

Un nuevo rol para la madre

Para el investigador Hervé Le Bras, otro pilar del alza de la natalidad en Francia ha sido el esfuerzo que se ha realizado para integrar a la mujer al mundo del trabajo de manera armoniosa. "A principio de los años '80, el gobierno francés tuvo la buena idea de abandonar el mito de la mujer dueña de casa en beneficio del lema conciliar vida profesional y vida en familia. Las encuestas mostraban que las mujeres deseaban tener a la vez una familia y un trabajo. Si no encontraban empleo, no empezaban a tener hijos. Esa es la razón por la cual la natalidad es tan baja en Italia, España o Grecia, donde las mujeres trabajan poco. Lo que importó en Francia fue el cambio de mentalidad, y particularmente el admitir que los niños pequeños podían ser tan bien educados en salas cuna o jardines infantiles como lo eran directamente por sus madres. Los libros de sicología, por ejemplo, empezaron a enfatizar la importancia de la socialización de los niños con otros niños de su edad", explica.

La existencia de una amplia red de cuidado infantil es crucial. Jean y Tourya cuentan que cuando nació su segunda hija, Sofia, estaban en contra de las crèches o salas cuna. En esa época - mediados de los '90- existía una medida que consistía en reducir los impuestos de manera significativa si se contrataba a una baby sitter a tiempo completo. Así es que buscaron una niñera y dejaron a su hija en la casa. La experiencia no resultó del todo positiva, por lo que cuando nació Inés, la menor, optaron por enviarla a la crèche, con apenas 3 meses de vida. "Es muy difícil conseguir un cupo, y hay que inscribirse apenas uno se embaraza, pero es un sistema muy bueno. Yo confiaba plenamente en las parvularias de ahí porque son muy profesionales y estos lugares son muy reglamentados. Generalmente tenían sólo tres guaguas a cargo cada una; si el niño se enferma hay un médico disponible y siempre llaman a los padres", dice Jean.

Además de las crèches existen las llamadas "assistantes maternelles", que son niñeras acreditadas por el Estado (tienen que cumplir con exámenes médicos, ciertas competencias educativas y tener una casa que sigue ciertas normas espaciales e higiénicas), que uno contrata - con beneficios fiscales- para cuidar a sus hijos, a quienes reciben en su casa. El Estado ofrece también la opción de tomar un "congé parental" (feriado parental) que les permite a las mujeres con más de un hijo dejar de trabajar completa o parcialmente hasta los tres años del niño con la garantía de reintegrar su empleo después. En ese tiempo, reciben un subsidio de 514 euros mensuales.

Una vez que los niños salen de la primera infancia no se acaba el apoyo. A los tres años, todos los niños entran a la "maternelle", algo como el prekinder, y luego siguen en el sistema, también público, de educación básica, media y superior, donde estudian jornada completa. Tourya explica que incluso en esa etapa, el Estado tiene medidas financieras destinadas a que todos los niños estudien en condiciones igualitarias. "Las subvenciones se calculan según el nivel de ingreso y el número de hijos. Por ejemplo, el almuerzo de mi hija menor en el colegio vale entre 0,65 y 4,35 euros según lo que ganan los padres. Nosotros pagamos el máximo, pero quienes tienen sueldos inferiores pagan menos".

Gracias a esta tradición de apoyo a las familias, la investigadora France Prioux dice que se ha logrado que las mujeres puedan trabajar tranquilas y con menos estrés. "En Francia tenemos una especificidad", dice. "Es que las mujeres no se sienten culpables por trabajar. No sé si es porque hace tiempo que lo hacen gracias al colegio gratuito desde los tres años, o porque el segundo ingreso se ha hecho imprescindible, pero existe una actitud general que lleva a tener más de un hijo y que nos distingue de los países vecinos", dice.

Hervé Le Bras cree que nada indica que esta tendencia se detenga, sobre todo porque estima que la tasa de dos hijos por mujer es un nivel que ha sido históricamente normal para Francia. "La tasa de dos hijos corresponde a la familia deseada por los franceses, sobre todo porque se estigmatiza mucho a los hijos únicos. Además, la sociedad está dominada por el Estado. Los franceses piensan que los niños son útiles para el Estado y a cambio consideran que el Estado debe ayudarlos a educar a sus hijos. Esa mentalidad supera barreras como los motivos económicos, y más particularmente, el costo de tener un hijo", concluye. ya

"Tener hijos parece menos imposible que en otra época. Antes las mujeres buscaban liberarse y trabajar, ahora equilibran las dos cosas", dice Valérie, madre de cinco niños.

"En Francia las mujeres no se sienten culpables por trabajar", asegura France Prioux.

Las fallas del sistema

"Aunque el Estado francés se haya empeñado en darles a sus ciudadanos las condiciones para que puedan tener la cantidad de hijos que quieran, el sistema no está exento de imperfecciones. Estudios recientes revelaron que en el país galo hay hoy 2,3 millones de niños de menos de tres años, pero sólo un millón de cupos en las distintas modalidades de cuidado infantil (crèches, assistantes maternelles y otras opciones de preescolarización). Eso implica que menos de uno de cada dos niños se beneficia de esa opción.

Una investigación de la INED, cuyos resultados fueron publicados hace pocas semanas en el diaro Le Monde, indica que las políticas de familia benefician principalmente a las familias acomodadas, ya que se centran mucho en ayudas fiscales que los padres de menos ingresos no perciben porque no pagan impuestos. Además las medidas existentes tenderían a excluir a las mujeres de menos ingresos del mercado laboral. Al tener el segundo hijo, muchas de ellas dejan - sin necesariamente desearlo- su trabajo, porque les es más ventajoso económicamente recurrir al "congé parental". El subsidio que éste garantiza puede resultar más rentable que seguir trabajando por un sueldo bajo y asumiendo el gasto de una alternativa de cuidado infantil. Según el estudio, un tercio de las mujeres que se acogen al "congé parental" desean volver trabajar.

 
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