La fe ayudaría a recuperar enfermos PDF Imprimir

Estudios demuestran que la fe en la recuperación puede sanar. La religión ayuda como sostén social. Médicos uruguayos relatan casos de curación inexplicables.MIGUEL BARDESIO / El pais Uruguay

La fe mueve montañas y multitudes. Cambia comportamientos y personalidades, construye sociedades y países. Por ella se ha hecho la guerra y también la paz, pero hay una propiedad sobre la que no existe coincidencia plena: ¿la fe puede curar una enfermedad?

Sí. La monja Clara Inés se operó en 2006 de un cáncer pancreático, uno de los más letales. Y no sólo la cirugía fue un éxito, sino que las secuelas que le pronosticaron no aparecieron y se rehabilitó en tiempo récord. Uno de sus médicos, Fernando Drocco, cree que la recuperación tuvo algo de "milagrosa".

No. Gladys también contrajo cáncer en 2007. Por lo avanzado del mal, su pronóstico era muy delicado y no había, desde lo médico, nada para hacer. Probó con un curandero y empezó a sentirse mejor, pero falleció al poco tiempo.

Como estas, las historias de uno y otro tipo se suceden cada día en Uruguay y en el mundo. Y la medicina, que por décadas obvió cualquier respuesta de salud que no proviniera de tratamientos científicamente comprobables -un medicamento, una cirugía, un cambio de hábito-, busca ahora determinar cuánto influye la fe, la espiritualidad, el aspecto emocional en la salud y en la enfermedad.

La psicóloga Margarita Dubourdieu preside la Sociedad Uruguaya de Psiconeuroinmunoendocrinología, una rama de la medicina que justamente busca describir todos los factores que detonan la enfermedad o la curación en una persona. Ella responde: "Por distintas investigaciones sabemos que el pasado incide en la salud de cada persona, lo que hizo antes de enfermar. Pero lo más interesante es que la expectativa sobre el futuro también es determinante". A una visión negativa, de angustia y estrés, el organismo responde con liberación de sustancias que agravan la patología que padezca. Lo contrario, en cambio, contribuye a la recuperación.

Como cardiointensivista, Jorge de Paula ha tratado a cientos de pacientes en situación crítica. Y muchas veces se lleva sorpresas en cuanto a la recuperación. "La última vez fue este año. Un caso que desde el conocimiento médico no se preveía una evolución tan notable. El paciente lo atribuye a la fe y uno es respetuoso. Pero el hecho de que aún no tengamos una explicación científica para un caso, no significa que en el futuro más próximo o lejano no la haya".

De hecho, ya varias investigaciones han demostrado el poder de la fe, no solo de la religiosa, sino acerca de la creencia de que todo va a andar bien.

El mes pasado estuvo en Uruguay el especialista cubano-estadounidense Mario Martínez, del Instituto de Psicología Biocognitiva. Aquí, presentó investigaciones que demostraron los efectos benéficos del rezo, la meditación, la compasión, la ternura o los mantras de yoga. Todas estas prácticas, más o menos espirituales, fortalecen el sistema inmune (las defensas) de las personas.

Otra investigación, de las universidades británicas de Oxford y Cambridge, demostró poderes analgésicos en la fe religiosa. Exponían a jóvenes católicos y ateos frente a imágenes de santos. Luego, recibían una pequeña descarga eléctrica. Los católicos decían sufrir menos dolor frente a las imágenes que adoraban.

Estos y otros estudios demuestran que el sistema inmunológico no solo es una arma de defensa y ataque estático en todos, sino que responde a estímulos de pensamiento y emociones. No se trata de una reserva limitada de soldados, sino que uno puede agregar o quitar fuerzas según el ánimo y la esperanza.

¿PRONÓSTICO? Margarita Dubourdieu ha trabajado con pacientes oncológicos, en muchos casos de una gravedad que parecía "irreversible". Sin embargo, lograron la recuperación. ¿Por qué? "Por muchos factores: ya sea la modificación de hábitos alimentarios, dejar conductas nocivas así como también cambios emocionales", responde.

Dada la evidencia y los casos, Dubourdieu llama a que los médicos no hablen más de enfermedad "terminal", sino de "estados críticos". La razón: nunca se sabe cómo evolucionará y hasta el peor pronóstico puede revertirse (ver nota aparte).

La salud, o más bien la enfermedad, es uno de los principales factores que empujan a la fe religiosa a las personas. A la virgen del Verdún, a San Pancracio, al mismo Jesucristo o a los santos africanos, lo que se le pide mayoritariamente refiere a la salud y el trabajo.

Las investigaciones no demuestran que haya una relación directa entre fe religiosa y salud, más allá de los efectos positivos de las creencias esperanzadoras para el futuro. En cambio, el tejido social que supone la actividad en una religión puede ayudar.

Un estudio de la Universidad de Harvard demostró que los asistentes regulares a misa (de cualquier credo) tienen un mejor sistema inmune, menor presión arterial y mejores funciones pulmonares. Pero entre aquellos que escuchan la misa por radio o televisión, no se comprobó estos efectos.

La inmersión social, entonces, explicaría la mejoría. "El sistema de creencias de una persona puede ser un aliado valioso de la recuperación en muchos casos al contribuir a un entorno de armonía interior o de paz. Pero otros puede significar una dificultad, por ejemplo cuando un paciente se niega a recibir un tratamiento por convicciones religiosas", asegura Jorge de Paula.

Otro factor que involucra a la creencia refiere a la muerte. Cada vez que alguien presenta una enfermedad grave, aparece la visión de un posible fallecimiento. Y, según De Paula, "la actitud del paciente será diferente si considera que con la muerte acaba todo o si cree en la vida eterna, aceptará la circunstancia de modo diferente. El médico debe ser muy respetuoso de todo esto e infundir siempre los mensajes positivos".

Margarita Dubourdieu coincide y da las razones: "La recuperación es posible porque no estamos determinados por los genes, existe la neuroplasticidad y el ser humano puede dar nuevas respuestas". Respuestas que la ciencia desconoce.

El miedo a enfermar, enferma
Porque se repite en la familia o porque lo "intuye", muchos sienten miedo a contraer una enfermedad. Y ese temor, según la psicóloga Margarita Dubouirdieu, ayuda a que la pesadilla se cumpla finalmente.

"El temor produce una activación de la zona de la amígdala cerebral y favorece la emergencia de una enfermedad. Por eso el miedo a la ocurrencia, a un empuje, a un agravamiento favorece a que esto mismo ocurra", añade la especialista en psiconeuroinmunoendocrinología.

Esta disciplina considera que el hombre es un gran sistema en el que confluyen el nervioso, el psicológico, el inmune y el endócrino y cualquier alteración de uno, afecta a los demás, sea positiva como negativamente. "Así como el paciente se hace un chequeo de sangre, de orina, es importante hacer un análisis de cómo está incidiendo la parte anímica y sus emociones en su salud", propone Dubourdieu. Y va por más: "Toda enfermedad es psico-orgánica, ambos factores siempre están presentes".

Jorge De Paula, cardiointensivista, agrega que según recientes investigaciones, el hombre es "coautor de su salud y no víctima de sus genes". Últimamente, se ha difundido la tesis del determinismo genético, lo que implica que uno hereda la salud y la enfermedad como el color de pelo. Sin embargo, acciones y hábitos pueden hacer que tales genes no se expresen y no irrumpa un mal.

"Esto es muy importante porque nos genera una responsabilidad con nuestra salud, que debemos cuidar y preservar", añade.

Mal no terminal
"Le quedan pocos días". "Es terminal". Tales pronósticos médicos, basados en antecedentes y evidencia científica, pueden ser erróneos y a menudo contribuyen a agravar un cuadro de por sí grave. Todos los profesionales de la salud guardan en la memoria al menos un caso de recuperación inexplicable por el conocimiento actual.

La psicóloga Margarita Dubourdieu, experta en psiconeuroinmunoendocrinología, llama a los médicos a "ser cuidadosos en el manejo del pronóstico". "Hay que diferenciar el diagnóstico de la situación actual del pronóstico porque no podemos, en sistemas abiertos como el ser humano, hablar de certezas".

La especialista agrega que el paciente debe conocer exactamente su estado actual de salud, pero sin que eso "lo deje devastado emocionalmente".

"Nosotros nunca hablamos de pacientes terminales, sino de estados críticos", añade la experta que trabaja con enfermos oncológicos.

 
< Anterior   Siguiente >