Vivir con el peso de un estigma PDF Imprimir

Sueñan con bajar de peso, atarse los cordones solos, no ser centro de miradas y comer sin culpa. Más de 3.000 uruguayos padecen de hiperobesidad, una enfermedad en franco ascenso que los inhibe de las actividades cotidianas. Desde Gordos Organizados intentaron ser escuchados por las autoridades sanitarias, reivindicando sus imposibilidades. Algunos salieron llorando, y así explican su calvario.CATERINA NOTARGIOVANNI / El Pais Uruguay

Viven en continua lucha entre el deseo y el deber. Prueban con dietas, pastillas, complementos alimenticios, Reiki, masajes con piedras, aurículoterapia, psicoterapia y un largo etcétera de ofertas disponibles. Esquivan la playa, el cine, la balanza, el ómnibus, las fotografías y los espejos. Usan mocasines para no tener que pedir ayuda para atarse los cordones y se visten con lo poco que encuentran en el mercado. Tragan saliva cuando las personas se codean y sonríen ante su presencia, y se acostumbran a no ser llamados por su nombre propio. Sueñan con bajar de peso, con pasar desapercibidos, con sentarse en el suelo en un parque, con no sofocarse a los tres pasos y con comer sin remordimientos de conciencia. Son los hiperobesos, descripción que alcanza a unos 3.000 uruguayos y que bien puede aumentar si se tiene en cuenta que en Uruguay el 24% de la población entre 25 y 65 años es obesa (uno de cada cuatro) y que el 36% tiene sobrepeso. "Somos un país de veteranos, gorditos y sentados", dijo la Ministra de Salud Pública en ocasión de la presentación de la primera encuesta nacional de factores de riesgo de las enfermedades crónicas.

A pesar de ser un país de gorditos, a la mayoría le resulta difícil considerar la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica, igual que la diabetes, el cáncer o las patologías cardiovasculares. Cuando hace un año un grupo de obesos salió del closet bajo el rótulo Gordos Organizados, los comentarios se repetían: "coséte la boca gordo", "Dejá de comer y ponéte a hacer gimnasia", "Aflojále a los dulces", se escuchaba aquí y allá.

Pero la voluntad no siempre es suficiente para ganarle la batalla a la gordura: "La obesidad es una enfermedad endócrino-metabólico. Siempre se pensó que era un problema solucionable por voluntad, cosa que ha sido nefasta para los gorditos porque eso ha evitado que se desarrollaran técnicas o tratamientos adecuados hasta hace no mucho tiempo", señala Ernesto Irrazabal, Prof. Adj. de Endocrinología e integrante del equipo multidiciplinario de la Clínica de Obesidad y Cirugía Bariátrica del Hospital Italiano.

Los testimonios de Lilián Soria (58 años, 160 kilos), Luis Cherro (45 años, 137 kilos), Luis D`Alessandro (57 años, 189 kilos) y Nibia Pérez (33 años, 107 kilos) son una prueba de que no siempre querer es poder.

Historias de peso. Lilián se crió en el Consejo del Niño porque fue abandonada por sus padres. Como le sucede a la mayoría de las personas obesas, la comida representa el único alivio de la angustia: para cuando cumplió 14 años su peso era de 75 kilos. Su tendencia a engordar se vio favorecida por la Poliartritis Rematoide, enfermedad autoinmune que le diagnosticaron a los 35 años y que se medica con corticoides en los períodos de empuje. La Poliartritis la deja postrada buena parte del invierno, lo que sumado a la alta ingesta de alimentos terminó por convertirse en un coctel de gordura. Además tiene diabetes tipo II.

Lilián ya perdió la cuenta de la cantidad de dietas que hizo en su vida, todas con escaso o nulo resultado. "Las dietas me descompensan emocionalmente. En cuanto empiezo a extrañar algunas comidas a las que estaba acostumbrada o cuando tomo conciencia de que esto es a perpetuidad me derrumbo. En mi caso además, no es cuestión de adelgazar 5 o 10 kilos y se acabó el problema, yo tengo que bajar por lo menos 100. Cuando ya sos una hiperobesa, el problema es enorme de grande", señala la jubilada de auxiliar de enfermería y casada desde hace 32 años.

Al día de hoy Lilián depende para casi todo de su marido, desde vestirse hasta higienizarse. Lo poco que hace sola es sentada. Aún así, se agita mucho. "Lo más doloroso que pierdo con esta obesidad es mi libertad de movimiento", señala.

En verano, Lilián sale a tomar mate al Prado y a caminar, lo cual le significa un "sacrificio tremendo". "Una cuadra y me siento. El primer día hice 10 cuadras en una hora y media, el segundo 15, hasta que llegué a 17", cuenta.

Pero no logra mantener la rutina porque se siente cansada. "Me da rabia no poder seguir en la lucha. Porque además vivo con el fantasma de que viene el invierno, empiezo con los empujes, me tienen que dar cortisona y ahí se para todo", dice y se quiebra a llorar.

Luis "Hulk" D`Alessandro pesaba 100 kilos cuando tenía 15 años. Hijo único, se crió en una familia de italianos donde la comida se servía en grandes porciones. Es divorciado, tiene dos hijos, una nieta y se jubiló de chofer de Raincoop. El día más feliz de su vida, cuenta, fue cuando consiguió bajar 81 kilos, pasando de 180 a 99. "Porque siempre pesé tres cifras", acota. Posteriormente, el conocido efecto rebote lo llevó a su máximo: 240 kilos. Hoy pesa 189.

La obesidad marcó y marca su vida: no va a la playa ("tendría que ir vestido porque si me tengo que sacar la ropa ya me da vergüenza"), no puede estar más de cinco minutos de pie ("tengo un auto que para mi son dos muletas y trato siempre de arrimarlo lo más posible para no caminar"), y usa mocasines para poder calzarse solo. Aunque ostenta el récord de haberse comido 290 ravioles y 42 bizcochos ("no lo digo con orgullo"), afirma que cada bocado lo come con culpa. "Después de un tratamiento vos podés controlar un día, dos días, un mes, tres meses, pero llega un momento en el que se tira la toalla", explica.

No obstante, adelgazar es siempre una asignatura pendiente: "Quiero ser una persona que pase desapercibida en la calle, no me gusta el físicoculturismo, quiero ser una persona normal", admite.

Luis dice ser un obeso "en la realidad" y un flaco "mentalmente". Así explica la disociación: "hoy vivo solo, pero si me tuviera que ennoviar o salir con una obesa como yo, no salgo. Me gustan normales, flacas o rellenitas, pero no obesas como yo".

Con el tiempo, Luis aprendió a administrar la mirada de los otros: "Ahora que estoy veterano trato de no verlos. Antes los puteaba y en algunas oportunidades me agarré a trompadas. Es lo mismo que yo, mañana, me cruce con un ciego y me ría. ¿Por qué? Él es no vidente, yo soy obeso, el otro será petiso".

Nibia Pérez (33) también dice haber visto en los ojos de los demás la discriminación: "Me pasó algo bien interesante cuando fui a ver Gorda. Al terminar la obra la gente me miraba con cara de vergüenza". Nibia comprobó los ribetes culturales de la discriminación cuando vivió en Chicago, EE.UU. "Ahí nadie se fija cómo sos", cuenta. (Ver recuadro arriba).

De ambos lados. Luis Cherro supo vivir de ambos lados del mostrador. "Antes era modelo, actor, galán. Pasé de ser chiflado en la calle al hoy, que me miran pero para no pisarme. Ahora siempre se antepone el gordo", relata.

Cherro es el presidente de Gordos Organizados (GO), grupo que trabaja en la prevención y difusión de hábitos saludables; conocido por estas fechas por sus entredichos con la Ministra de Salud. Entre otras reivindicaciones, GO pide la implementación de gimnasia para gordos, el fin de la exclusión del obeso en el sistema de salud ("no hay médicos capacitados para atender la obesidad, sí para sus consecuencias: el infarto, el cáncer, la trombosis, la diabetes, etc"), la aprobación de una ley que declare a la obesidad como una enfermedad crónica y que garantice el derecho a la cirugía bariátrica. (Ver apoyo).

"Los gordos navegamos por todos los métodos, pero nada te garantiza que adelgazás y te mantenés, a no ser la operación", indica.

Como constatan las fotografías de Cherro, antes era un hombre delgado. Su disparador, afirma, fue el hecho de casarse y de dejar de fumar. Hoy pesa 137 kilos, pero su máximo fueron 160 (el pantalón que muestra en la foto es de esa época). Hace un año que "lucha" por bajar de peso. Con un complemento alimenticio suple el desayuno y la cena. Además camina media hora por día.

Tomó conciencia de su peso cuando comenzó a sufrir ataques de pánico y un médico le dijo que era "una bomba caminando". Otro hecho que lo marcó fue el haber sido despedido del trabajo por ser gordo. Se dedicaba a la venta de ropa masculina de marca en un shopping: "Empecé a engordar, no lo podía parar y seguro, todos mis compañeros eran galanes, la imagen tenía que ser perfecta", recuerda. Como conoce el rubro, el tema ropa es una de sus preocupaciones. "Fui el otro día a un shopping y no había un talle para mi", dice. Además, señala, "en Uruguay todos los talles están maquillados". Según él, del 54 en adelante (56, 58, y 60) es todo del mismo tamaño. "Lo que pasa es que hasta el XG (equivale a un 54) va el ancho 1.40, si quieren hacer el 60 tienen que usar el doble ancho. "Y el talle especial es un 50% más caro", afirma.

50% genético. Como se dijo, para bajar de peso no basta con la voluntad. "Los obesos son estigmatizados por la sociedad y culpabilizados. Es decir, vos sos gordo porque querés, porque si no comieras no serías gordo, como si estuviera dentro de la voluntad, la potestad de decidir si come más o come menos", explica Héctor Geninazzi, cirujano de la Clínica del Hospital Italiano.

"En la génesis de la obesidad intervienen muchísimos factores, algunos aún no conocidos, pero que se están descubriendo permanentemente. La cirugía ha venido a ayudar a que se descubrieran algunos. Por ejemplo: la usina de hormonas que existe en el tubo digestivo. Otro ejemplo, se comprendió que en un obeso, cuando ingiere, se estimula la secreción de una hormona que estimula el hipotálamo (centro del hambre y la saciedad) a que coma más", afirma el experto.

Para que se entienda: la obesidad es una enfermedad que tiene en un 50% un factor genético. Del cómo se adaptan esos genes al ambiente, dependerá la silueta. El problema es que la vida actual transcurre en ambientes que estimulan el sedentarismo al máximo y, a la vez, promueven el consumo de alimentos de alta densidad calórica.

"Es cierto que el obeso come de más, pero lo hace porque está en una situación metabólica que lo estimula a comer. Tiene un metabolismo adaptado a consumir muchas calorías, segrega buena proporción de insulina, tiene mucho apetito siempre, entonces cada vez come más", explica la nutricionista Lucía Pérez Castells.

tratamiento. La complejidad de la patología obliga a que sea abordada por equipos multidiciplinarios: un psiquiatra que trabaje los aspectos emocionales (temores, cambio de hábitos, soporte familiar), una nutricionista que piense un plan alimenticio en concordancia con ese estado emocional, un endrocrinólogo que se encargue de los ajustes metabólicos y -si el paciente y el cuadro clínico lo ameritan- un cirujano que modifique el tubo digestivo de modo de restringir la cantidad de comida que ingresa (achicar el estómago). Con ese enfoque trabajan los especialistas de la Clínica de la Obesidad, y esto es lo que GO reivindica como bandera.

El rezongo médico y el "pase" a la dietista, dicen los obesos consultados, no es suficiente. Pero atención, el que crea que la cirugía es el atajo a la delgadez se equivoca. Antes y después del quirófano se debe enfrentar un arduo camino que implica un cambio radical de estilo de vida. Además, no todos los paciente son operables. De hecho, el 80% de los que se atienden en el Hospital Italiano no lo son.

En un foro de discusión de gordos.org, los participantes se plantean un juego: ¿Cómo se imaginan su vida si estuvieran delgados? Aquí algunas respuestas: "Comiendo en público sin que la gente piense `mirá esa vaca`"; "Notándome las costillas"; "Sin tener tanto sueño"; "Me imagino mal sentada en una silla, con las piernas entrelazadas sin tocar el suelo"; "Sin que mi madre, marido y familia me diga siempre lo gorda que estoy"; "Pudiendo estar horas y horas de pie"; "Gustando más a los demás"; "Pudiendo ponerme los zapatos sin que me duela hasta el alma"; "Sin rozaduras, abscesos y granitos en las piernas por el exceso de grasa".

"¿A quién le gustar ser gordo?", se pregunta Luis "Hulk" D`Alessandro. Por lo visto, a nadie.

El dato | enfermedad crónica por ley
El diputado Álvaro Delgado presentó en la Comisión de Salud de Diputados un proyecto de ley que declara a la obesidad como una enfermedad crónica y que tiene como objetivo promover su prevención y tratamiento. "En realidad lo que quisimos fue darle estado parlamentario y tratar por esta vía de poner el tema en discusión", dijo Delgado. Consultada, Muñoz indicó que "no tiene mucho sentido legislar las enfermedades". Misma lógica utilizó el diputado y cirujano Álvaro Vega (MPP), presidente de la Comisión: "No me parece que se deba determinar por ley si las enfermedades son agudas o crónicas". Sobre si la cirugía bariátrica debería ser gratuita respondió: "Es como si le cobraras a alguien por sacarle la vesícula".

Las cifras
60% De los uruguayos adultos de entre 25 y 65 años tiene sobre peso. El 24% de los mismos son obesos. Es decir, uno de cada cuatro.

MSP: cirugía es último recurso
La modificación del tubo digestivo mediante cirugía es uno de los procedimientos más frecuentes en la Clínica de la Obesidad del Hospital Italiano. Como resultado, por un lado se restringe la cantidad de comida que el paciente puede ingerir (se achica el estómago), y por otro se procura que el organismo absorba menos nutrientes de los que ingiere. Pero también se realizan otras intervenciones que no cortan el tubo digestivo, en el que se coloca una banda gástrica alrededor del estómago para provocar un reservorio. "Es una cirugía de alta complejidad porque se realiza en un paciente obeso y porque se hace por laparoscopia" señala Héctor Geninazzi, cirujano del equipo del Italiano. Para llegar al quirófano el paciente debe ser bien preparado por todo el equipo, entre otras cosas adelgazando el 10% de su peso. Esto mejora el cuadro de enfermedades asociadas a la obesidad que pueden poner en riesgo la cirugía, que tiene un costo de US$ 10.000.

La cirugía es una de las herramientas de lucha contra la obesidad y sólo realizable en determinados casos.

La Ministra de Salud Pública considera a la cirugía como un "último recurso porque es de una alta morbi-mortalidad", e indica el tratamiento psicológico y la dieta con nutricionista "antes de llegar a la intervención". No obstante estudia un proyecto presentado por el Hospital Pasteur para la intervención dentro de los Servicios de Salud del Estado. Una dieta saludable a bajo costo (mediante el abaratamiento de la canasta familiar de los trabajadores y el control de precios), y la publicación de un recetario son las medidas preventivas del MSP. No están previstas prohibiciones con respecto a la comida chatarra: "En realidad acá lo que se hace es informar y que la gente tome su decisión", señaló Muñoz a Domingo.

"Si tuviera que salir a buscar trabajo me sería muy difícil"
Nibia Pérez, quién no es miembro de Gordos Organizados, tiene 33 años y está convencida que la discriminación es muy fuerte en Uruguay . Ella lo sabe bien, ya que vivió en Chicago, Estados Unidos, donde "nadie mira a nadie". "Sí, me siento discriminada. Un día estaba esperando un barco para ir a Buenos Aires, y un joven me miraba las piernas, y sus ojos se le saltaban de la cara", cuenta.

No ha tenido problemas en el trabajo (es intérprete de sordos) pero no cree que sea por apertura mental. "Será porque no importa mi aspecto, o porque hago bien mi trabajo. Pero si tuviera que salir a buscar uno nuevo, me sería difícil. Todos los anuncios tienen como requisito la buena presencia. Algunos podríamos pensar que la buena presencia tiene que ver con los modales, la calidez para tratar al público... pero todos sabemos que cuando un aviso dice eso, se refiere a que sea linda a los ojos del común de la gente. La sociedad tiene que valorar por lo que la persona da y no por su aspecto físico".

La frase que más le disgusta a Nibia, y que escucha innumerables veces, es: "deberías bajar de peso porque tenés una cara tan linda."

Por supuesto que ha intentado bajar de peso muchas veces, desde niña. Pero se le hace más difícil que a los demás porque padece bocio y hipotiroidismo. "Pero no es imposible, siempre se puede, depende de las ganas y la voluntad que se ponga. Y ahí, justamente, está el problema más grave: la obesidad es tratada por los médicos de una forma que, a mi entender, no es la mejor. Dan pase al nutricionista y se supone que se baja de peso si se sigue el plan al pie de la letra. Pero falta abordar el tema obesidad desde el punto de vista emocional, ya que uno no siempre tiene la voluntad. Uno es gordo porque come, sí, pero hay que llegar a entender por qué uno come mucho o mal. Es importante saber por qué una persona que sería feliz siendo flaca, no llega a continuar las dietas, aún sabiendo los riesgos cardíacos entre otros, que acarrea la obesidad. Existe mucha ignorancia: punto de partida de la discriminación".

Nibia Pérez no se esconde pero tampoco se expone. Va a la playa -le encantan los baños- aunque a lugares más solitarios. "No quiero ser la distracción de los otros bañistas", dice y se ríe a carcajadas.

Usa la excusa de "yo saco la foto" para evitar ser retratada, pero no le importaría ir a una cita a ciegas. "Es importante tener confianza en uno mismo. Por suerte confío en mí. Pero lamentablemente la tendencia es que los gordos tienen muy baja autoestima y que eso los hace vulnerables a los ojos del resto de la sociedad. Hace pensar que los gordos no pueden hacer ciertas cosas. Te diría más: hay gente que piensa que un gordo es menos inteligente por el solo hecho de pesar más", finaliza.

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