Crisis: La culpa la tiene Harvard PDF Imprimir

La cantidad de empleados del sector financiero que tenían masters en administración de empresas en las grandes universidades del mundo creció geométricamente en los últimos años. Ello hizo, entre otras cosas, que se demandaran mejores salarios, alimentando vicios en el negocio bancario . Cronista / Buenos Aires

Por dos siglos Wall Street sobrevivió a guerras, depresiones, pánicos bancarios y atentados terroristas. Ahora el Wall Street que que todo el mundo conocía ha muerto. Cuando una persona rica y próspera muere repentinamente, un médico forense suele hablar con la familia y los amigos para ver si el difunto había cambiado de comportamiento recientemente de alguna manera. Wall Street lo hizo radicalmente en los años recientes.

Hace 20 o 30 años era común que los más brillantes fueran médicos o ingenieros. Para el año 2000, querían ser ejecutivos de bancos de inversiones.

Cuando Wall Street estaba dirigido por personas seleccionadas de la población de manera aleatoria, pudo sobrevivir a todo. Cuando los mejores y más brillantes se hicieron cargo, el sector financiero murió la primera vez que los precios de los inmuebles cayeron un 20%.

¿Existe una relación entre es

tos dos factores? ¿Acaso Harvard mató a Wall Street? El sospechoso ciertamente tuvo la oportunidad. Si uno entraba a una firma importante de Wall Street hace un año y seleccionaba al azar a un empleado, era probable que esa persona hubiese estudiado en una universidad de la Ivy League, como Harvard, o tuviese una maestría en administración de empresas, o ambas cosas. Las estadísticas son sorprendentes. En los ‘70 era típico que el 5 % de los graduados de Harvard trabajaran en el sector financiero, según un estudio reciente de los economistas de Harvard Claudia Goldin y Larry Katz. Para los años ‘90, la cantidad ya era del 15%. Y subió desde entonces.

También aumentó la proporción de los que tienen maestría en administración de empresas. Los economistas Thomas Philippon, de la Universidad de Nueva York, y Ariell Reshef, de la Universidad de Virginia, hallaron que, en 1980, los empleados del sector financiero ganaban los mismos sueldos, en promedio, que los de otros sectores. Para 2005, los empleados del sector financiero ganaban un 50% más que empleados similares en otros sectores.

Philippon y Reshef exploraron lo que ocasionó el incremento en los sueldos en el sector financiero. Hallaron que una de las razones clave era la creciente dependencia de empleados con posgrados. Sus resultados concuerdan con la prueba anecdótica con respecto a las contrataciones en Wall Street. Un informe de 2008 de la revista Fortune dijo que Goldman Sachs contrató a unas 300 personas con maestría en administración de empresas en 2007 y que, el año pasado, Merrill Lynch y Citigroup planeaban contratar 160 y 235 personas con maestría, respectivamente.

¿Es coincidencia que tantas superestrellas intelectuales hayan llegado a Wall Street justo cuando el sector financiero moría? Quizá no.

Wall Street desapareció porque sus empresas evaluaron pésimamente los riesgos de las posiciones que tomaban. Fracasaron los modelos que estas firmas utilizaban para evaluar los riesgos. Pero tener un modelo fallido hace quebrar a una empresa solo si la firma aplica colectivamente el modelo. Para hacerlo, debe estar manejada por personas que tienen mucha confianza en sus modelos, y en ellos mismos. He ahí donde entran los graduados de las universidades de la Ivy League y quienes tienen una maestría en administración de empresas.

Complejo de maestría

¿Qué se consigue con una persona con maestría en negocios? Según un estudio reciente, las personas con tales títulos adquieren una enorme confianza en sí mismos. Aprenden a creer que son los mejores y los más brillantes. Este narcisismo tiene un efecto real en su carrera. Psicólogos de la Universidad de Ohio estudiaron el comportamiento de 135 estudiantes de maestría: fueron divididos en grupos de cuatro y se les pidió realizar una transacción financiera grande en nombre de una empresa imaginaria. Los psicólogos observaron que los estudiantes más narcisistas tenían más posibilidades de surgir como líderes. Según Amy Brunell, autor principal del estudio, los resultados tienen importantes implicaciones para el mundo real, porque “los líderes narcisistas tienden a tener un desempeño volátil y a tomar decisiones arriesgadas, por lo que pueden ser líderes poco eficaces y potencialmente destructivos”.

Puentes eternos

Personas como el ex titular de Merrill Lynch John Thain (Harvard, 1979) ejemplifican este comportamiento cuando su sentido de importancia es tan grande que piensan que pueden gastar una fortuna renovando una oficina mientras su empresa se derrumba.

Las consecuencias de la brillantez imprudente de Wall Street se asemejan de muchas maneras los desastres de ingeniería de la era moderna. Su uno viaja por Italia, no puede evitar notar los muchos puentes romanos que siguen en pie sobre los ríos del país. ¿Cómo es que los romanos pudieron construir puentes que duraron miles de años, mientras que los que se construyen ahora se caen luego de unas cuantas décadas?

La respuesta es simple. En la antigüedad no tenían computadoras para calcular exactamente cuán fuerte debe ser un puente. Así que el arquitecto hacía un puente muy, muy fuerte. Hoy en día los ingenieros pueden calcular exactamente cuánto acero necesitan ponerle a un puente para que soporte la carga esperada. El resultado es que tienen la posibilidad de hacerlos más débiles.

Lo mismo puede decirse del sector financiero. Cuando Wall Street era manejado por personas que no tenían títulos rimbombantes, estas tenían el debido escepticismo hacia los modelos complicados y manejaban los riesgos con mucho más humildad y cautela. Fue cuando los modelos fallidos se convirtieron en canon que sobrevino la catástrofe.

Wall Street no murió a pesar de ser manejada por los mejores y los más brillantes. Murió por ese preciso hecho.

 
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